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En busca del mejor parque de atracciones de Europa: Efteling (Holanda)

 

En busca del mejor parque de atracciones de Europa: Efteling (Holanda)

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Cuando buscas en google: mejores parques de atracciones o mejores parques temáticos de Europa, es inevitable encontrarse con los conocidos Disneyland Paris, Futuroscope, Legoland, Port Aventura…

Pero pasando casi desapercibido encontramos uno de los destinos turísticos más exóticos para las familias españolas y de los parques más antiguos de Europa que data de los años 50: Efteling. Un mundo de hadas inspirado en los cuentos de dragones, princesas, elfos… cerca de la localidad de Kaatsheuvel, en los Países Bajos. ¿Queréis ir con nosotros?

Hace menos de un año decidimos ir con nuestros hijos a Efteling. Avión hacia Amsterdan y coche de alquiler 90min hacia el sur en medio del viento y la lluvia con escasos 2ºC de temperatura, y es que el diciembre en estos lares acostumbra a ser más duro que en nuestro país, pero no queríamos dejar escapar la ocasión de ver la ambientación navideña de un parque que prometía mucha magia y sorpresas.

La primera sorpresa fue la llegada al Hotel Efteling, con una recepción mimada hasta el último detalle, madera, una pantalla mostrando cuentos y el famoso Sprookjesboom o árbol hablante del parque. Un personal más que atento, esforzándose para que nuestra estancia fuera lo más cómoda posible, teniendo en cuenta que poca gente extranjera visita el parque y la llegada a nuestra habitación, una puerta que abría a un espacio de princesas y sapos que dejó a nuestros hijos sin palabras. Solamente ver la sonrisa en sus caras descubriendo cada rincón de la habitación valió la pena la visita. Desde una verdadera pluma en un escritorio con espejos al estilo “espejito espejito”, a un ratoncito que sacaba la cabeza por el agujero de su casa…verdaderamente fantástico.

 Al despertar el día siguiente, fuimos al desayuno y ¡menuda sala! Parecía sacada del castillo de la Bella y la Bestia con un buffet libre lleno de colores y productos de buena calidad. Comimos hasta la saciedad y nos sacamos unas fotos con la mascota del parque, Jokie. Nos enfundamos nuestra ropa de invierno para entrar al parque media hora antes por la puerta exclusiva de los clientes del hotel, toda una ventaja para ir cogiendo sitio en las colas de las atracciones más famosas del parque. Una maniobra que efectuaríamos durante nuestros 3 días de estancia, y es que entre 2 y 3 días es la estancia perfecta para no perder detalle.

 Lo primero que encontramos es un inmenso águila, el Vogel Rok indoor rollercoaster, una montaña rusa en la oscuridad en la que descargamos algo de adrenalina dentro de la barriga del animal. Acto seguido, el Carnaval Festival, que nos recuerda mucho al Pequeño Mundo de Disney y donde los más pequeños se quedan con la boca abierta. Boca que llega hasta el suelo cuando subimos al sublime paseo mágico de Droomvlucht, para nosotros la atracción número uno, un paseo por las nubes dentro de un mundo de hadas, flores, elfos y trolls que termina con una rápido descenso en caracol hasta una charca donde se bañan unos pequeños trolls…incluso Lucia descarga un: “¡Esto ya es demasiado!”
La plaza del Carrusel, dentro de un edificio que nos recuerda los años 20, es en nuestra opinión, el mejor carrusel que hemos visto.
También hay atracciones más dinámicas como el Bobsleigh run Bobbaan, The Flying Dutchman o el gran espectáculo medieval de Raveleijn, de obligada visita.

La visita del parque en sí no se basa solamente en estas y otras atracciones, sino también en la ambientación y decoración que le rodea, y es que hay verdaderos rincones mágicos que servirían perfectamente para rodar una película al estilo Willow, Dentro del laberinto de David Bowie o La historia interminable. Un ejemplo es la villa Laaf, repleta de casitas con sus simpáticos habitantes y atracciones sorpresa en su interior, o el bosque de las hadas, lleno de representaciones de los cuentos más famosos como Caperucita, Rapunzel, Hansel y Gretel y, por encima de todos el Sprookjesboom o árbol parlante que representa el epicentro e icono del parque.

 Y para terminar, la noche mágica de invierno, los fuegos en la plaza donde se calientan los visitantes, la grandiosa carpa de Navidad repleta de árboles, pista de patinaje sobre hielo y un tobogán de nieve donde nuestros niños se lo pasaron en grande, las luces, la anecdótica atracción de esquí de fondo por el bosque, la amabilidad del personal y un sinfín de detalles para hacer que la estancia con los niños sea lo más llevadera posible.

 ¿Lo malo? Que siempre hay un día que toca regresar a casa…

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